El pasado 11 de marzo de 2023, Javier Asenjo, vicepresidente de Conscienzia, impartió la charla «Inteligencia Artificial: una visión desde la Economía y la Empresa» a los alumnos del Máster en Comunicación Especializada de la Universitat de Barcelona (UB), un programa en el que confluyen las facultades de Filología y Comunicación, Derecho, Economía y Empresa, Medicina y Ciencias de la Salud, Farmacia y Ciencias de la Alimentación, y Biología para formar a futuros comunicadores culturales, sociales y científicos.

Con un grupo que mañana comunicará economía, salud o ciencia a la sociedad, no bastaba con enumerar aplicaciones de IA en la empresa. Partimos de los datos, y de sus matices: el Fondo Monetario Internacional calcula que casi el 40% del empleo mundial está expuesto a la irrupción de la IA generativa -más cuanto más avanzada es la economía- y advierte de un riesgo real de polarización si el acceso a la formación no se reparte de forma equitativa. La OCDE lo matiza desde otro ángulo: por ahora no hay evidencia de una destrucción masiva de empleo, aunque sitúa en torno al 27% los puestos de trabajo de sus países miembros en ocupaciones de alto riesgo de automatización. Dos lecturas, igual de necesarias, del mismo fenómeno.
En España, el Banco de España observa el mismo patrón desde la empresa: casi la mitad de las grandes compañías que ya han adoptado IA prevén ajustar los puestos ligados a tareas repetitivas, y la ganancia de productividad esperada —en torno al 0,7% anual durante la próxima década— tarda en llegar porque antes hay que asumir costes de implantación y formación. La productividad no aparece sola; aparece cuando se decide invertir en las personas que deben adaptarse.
Y para que no quedara solo en cifras macro, revisamos con el grupo un caso ya clásico: el sistema de selección de currículums que Amazon retiró en 2018 al comprobar que penalizaba a las candidatas, porque había aprendido de un histórico de contrataciones ya sesgado hacia los hombres. La máquina no decidió discriminar; heredó y amplificó un sesgo que nadie había corregido antes de entrenarla.
De ahí la idea que cerró la sesión, en la línea de lo que plantean los economistas Daron Acemoglu y Simon Johnson en Power and Progress (2023): la tecnología no tiene un destino escrito, y sus efectos dependen de las decisiones —empresariales, políticas, educativas— que se toman sobre cómo se diseña, se implanta y se supervisa. Para quienes van a comunicar economía y empresa, distinguir entre «lo que hace la IA» y «lo que decidimos hacer con ella» es, quizá, la competencia más urgente que pueden llevarse.
Esta es la vocación de Conscienzia: acompañar también a los futuros comunicadores especializados para que trasladen a la sociedad una lectura de la IA que no sea ni tecno-optimista ni catastrofista, sino basada en evidencia y orientada por criterio ético.